¿Jesús es Rey, Pero Buscamos a Otro?

El Domingo de Ramos siempre interrumpe. ¡Todo lo que hayamos estado haciendo en Cuaresma, maravillosas disciplinas espirituales, u olvido inesperado, o a menudo ambos – de repente, la Semana Santa esta sobre nosotros!

 

Las ramas de palma ondulando, capas posadas, el Maestro monta el potro sobre el cual nadie se ha sentado jamás, y Jesús el Rey entra a Jerusalén. Eran las muchedumbres que proclaman “Bendito es el rey que viene en nombre del Señor” (dicho durante la Oración Eucarística en cada misa) callarse, las mismas piedras gimieran! La creación gime con dolores de parto, mientras esperamos nuestra redención (ROM 8).

 

Sin embargo, la lectura de ese Evangelio procesional luego se encuentra con el Siervo Sufriente de Isaías, el abandono del Salmo 22, y la descripción del Evangelio de Lucas de la obediencia en forma de la Cruz de Cristo por la cual es otorgado el nombre que está sobre todo nombre.

 

Este es nuestro Rey:

el campeón humilde de los pobres,

el criado que sufre,

cuyo amor le hace vulnerable en este mundo,

quien comparte su pan, da su mismo cuerpo,

quien llama a sus seguidores para extenderse y depender de la hospitalidad,

cuyos seguidores no deben dominar despóticamente a otros,

quien sirve,

quien rechaza la violencia,

quien anticipa maquinaciones políticas,

quien dice la verdad con amor,

quien perdona,

quien da la bienvenida a criminales a su reino,

quien se da completamente para la vida del mundo,

quien es el Hijo de Dios.

 

¿Este es a quien servimos?  ¿O hemos hecho a Jesús en nuestra propia imagen? ¿Conforme encontramos a otros en nuestro viaje de fe, lo hacemos como ciudadanos del cielo, como seguidores del Rey Jesús de quien la ley es el amor, o bajo el mando de otros jefes, otros reinos, otras voces? ¿Es este Jesús nuestro Señor, o nos hemos dedicado a otro? ¿Podemos oír su voz en medio de todo el ruido, la frustración, la rabia, el dolor, la intimidación, las mentiras, las esperanzas, los sueños, la desesperación…?

 

Entonces Jesús dijo:

“Padre, perdónales, nos saben lo que hacen.”